Testimonios
Monseñor Romero: Fiel a Dios y a la persona humana
Era la hora del desayuno. Monseñor Romero tenía la visita del Cardenal Lorsheider de Brasil y de un miembro importante del Gobierno. También estaba yo ahí. Conversaban entre ellos y después de unos diez minutos, Monseñor se excusó, y salió de la reunión. Pasaban los minutos y no volvía. En un cierto momento, inquieto por su ausencia, también yo me excusé y salí a buscarlo. La reunión era en el hospital de cancerosos La Divina Providencia, donde Monseñor vivía. Fuí primero a su habitación y no estaba. Pasé por la sala de visitas de las religiosas y tampoco estaba. Fui al jardín y no lo ví. Regresaba ya al lugar de la reunión cuando se me ocurrió buscar en la capilla. Ahí estaba, arrodillado en la tercera banca, ante el Santísimo Expuesto. “Monseñor, lo están esperando”, le dije. Sin verme, me contestó: “Voy en un momento”. Pensé que había ido a consultar con Cristo que responder al Cardenal y al hombre del Gobierno. Eso me hizo pensar que así fué toda su vida Monseñor. Nunca hizo nada, ni dijo nada sin antes consultar con Dios. El fué quien lo manipuló e hizo con él lo que quiso.
Monseñor Ricardo Urioste.
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